De cómo estas obras clásicas se convirtieron en íconos de la cultura pop

La Joconde

"Mona Simpson". (© Nick Walker)

Ya sea a través de la publicidad, películas o museos, algunas obras de arte están destinadas a trascender y convertirse en verdaderos monumentos de la cultura pop. ¿Por qué La Gioconda, El grito La victoria de Samotracia continúan generando una irresistible fascinación?

Aunque el renombre de los artistas sin duda forja una trayectoria de la obra, su destino a veces las lleva a una gloria indiscutible. Se convierten en íconos. En estos casos, la era de la reproducción técnica no les hace perder su aura, como lo predijo Walter Benjamin, sino que refuerza su estatus sagrado. 

El grito

"El grito", de Edvard Munch, 1983.

¿Por qué resulta tan apasionante el cuadro de El grito? Seguramente porque Eduard Munch, pintor atormentado hasta la locura, representó una emoción universal: el miedo y los conflictos interiores del ser humano. Un año antes de hacer la primera versión de El grito, en 1892, Munch presentó una serie de cuadros en Berlín, sin embargo, la exposición cerró rápidamente sus puertas por ser considerada obscena. Lo que logró fue darle mayor visibilidad al artista, quien se distanciaba de la moral burguesa.

Luego de su muerte, en 1944, sus obras permanecieron en la obscuridad hasta que en 1961, la revista Time publicó El grito en su portada, con el fin de evocar temas como la culpabilidad y la ansiedad. La pintura, expuesta en Oslo, atrajo la atención internacional e incluso fue robada una de las cinco versiones de la obra en 1994 y después en 2004. 

Desde que adquirió notoriedad en los distintos medios, el rostro angustiado fue utilizado en diversas franquicias como la famosa Scream de Wes Craven que marcó a toda una generación de cinéfilos en 1996: en el cartel de Mi pobre angelito de Chris Colombus; en el cartel de Pink Floyd: The Wall de Alan Parker; e incluso en una serie de serigrafías firmadas por Andy Warhol.

"Mi pobre angelito", de Chris Colombus. (© 20th Century Fox)

Le Cri

"Scream", de Wes Craven. (© Dimension Films)

Le Cri

"Pink Floyd: The Wall", de Alan Parker. (© Bis Repetita)

Le Cri

"El grito de Munch". (© Andy Warhol, Andy Warhol Foundation for the Visual Arts/Artists Rights Society (ARS), New York)

La Gioconda

"La Joconda", de Leonardo da Vinci, 1503.

¿Realmente necesita presentación? Esta emblemática pintura de Leonardo da Vinci representa a Lisa Gherardini, la esposa de un comerciante de telas florentino y hoy en día continúa fascinando a gente en todos los continentes. Sin embargo, seguramente hubiera sido olvidada de no haber sido robada y después expuesta de nuevo.

Fue comprada por el rey Francisco 1o y está inscrita en una lista de futuras obras para enriquecer la colección del Louvre en 1797. Sin embargo, en 1800 Napoleón ordenó que la Gioconda se colocara en los apartamentos del Palacio de Tullerías. Finalmente fue expuesta en el Louvre en 1804 en donde se ubicaba cuando se dio la Giocondomanía en la segunda mitad del siglo XIX. 

Dos grandes periódicos de la época, Le Petit Parisien y L’Excelsior, publicaron sobre el robo de esta obra y contribuyeron a hacerla una leyenda publicándola en primera plana. Los parisinos incluso visitaban en masa el Louvre para observar el espacio vacío. Finalmente la obra fue recuperada cuando un anticuario florentino alertó a las autoridades. Desde entonces, la obra se expuso en varias ciudades italianas hasta llegar de nuevo a su lugar original en el Louvre.

Ahora, los parisinos y turistas del mundo se dan cita para admirar a La Gioconda, un ícono que ha dado la vuelta al mundo. Fuente interminable de inspiración, la Mona Lisa inspiró a Marcel Duchamp en 1919, quien la profanó pintándole un bigote y escribiendo en la base del lienzo las letras "LHOOQ" (fonéticamente en francés "Ella tiene un buen culo"). En 1963, Andy Warhol la desacralizó al multiplicarla en 30 imágenes y convirtiéndola en un simple objeto de consumo, reproducible al infinito. 

"LHOOQ, Mona Lisa con bigote", Marcel Duchamp, 1919.

"Mona Lisa", Andy Warhol, 1963.

La Victoria de Samotracia

Victoire de Samothrace

La Victoria de Samotracia.

Nada podía prever que La Victoria de Samotracia, descubierta en abril de 1863 por Charles Champoiseau en la isla del mismo nombre, se convertiría en un ícono. Oficialmente expuesta en el Louvre en 1883, la estatua no atraía entonces tantas miradas. No fue sino hasta que fue ubicada en lo alto de la escalera de Daru que la gente comenzó a notarla. Esta posición estratégica, dominando el espacio, restaura el esplendor de la obra. Después de esto, la obra comenzó a ser expuesta sobre un pedestal, reforzando su carácter divino.

Ahora cada visitante puede admirar el fascinante trabajo del mármol, los detalles del vestido y las curvas en el cuerpo de Nike, la diosa griega de la victoria. Fascinado por la obra, el escultor francés Abel Lafleur creó en 1929 el trofeo de la Copa mundial de futbol inspirándose en las alas de dicha estatua. En 1972, el cantante Paul McCartney lanzó su álbum Wings Greatest, cuya portada representa a una mujer con las alas de Nike.

El mismo año, la marca deportiva Blue Ribbons se cambió el nombre precisamente a Nike. En fin, ¿qué más representativo que la famosa escena en el barco entre Jack y Rose en Titanic?

Victoire de Samothrace

Le trofeo de la Coupe mundial de futbol, creado por Abel Lafleur en 1929. (© FIFA Museum)

La portada del disco de Paul McCartney, "Wings Greatest", 1978.

Victoire de Samothrace

"Titanic", de James Cameron, 1997. (© Paramount Pictures)

Artículo traducido por Ileana Muñoz

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